Friday, September 23, 2005
hoy noche
Ya me siento màs tranquilo, mi mujer durme , mi hijo tambièn y yo sigo luchando con este teclado que pone tildes inversas en lo que escribo,............................ todo en la vida tiene un anverso y un inverso, cara y sello, pena y alegria, blanco y negro, bien y mal,.............. adjunto algo que escribì hace tiempo sin la ayuda de un BLOG, ¿què huevà es un blog?, sirve para conectarse con un mundo virtual......igual que el adminidtrador de mi edificio? ha????!!!!!.............. ya, ya cacho que es....
Mayo 02 de 2005
Viajo lo más rápido posible por Santa Rosa hacia el sur y me pierdo en ese torbellino de calles en restauración que día a día nos entrega nuestra Gran Capital, pero mi objetivo no es hacer un reportaje urbanístico sobre los adelantos e incomodidades de la urbe en este siglo 21, sino llegar lo antes posible a un lugar si bien no lúgubre, algo inhóspito para ser la morada final de un hombre sin historia propia, mi tío Rogelio.
Al decir sin historia propia me refiero a que no tiene una familia (hijos y mujer) que lo amen y le pertenezcan, por el solo hecho de haber dado su vida por ellos,…. una familia prestada que le dejó su mejor amigo allá por los años 70, cuando por esas casualidades de la vida ésta en su arrogante y parsimoniosa misericordia se lo llevó afectado de un cáncer al cerebro, el mismo que afectó a mi abuela materna en los años 60, pero que gracias al cariño y “avances científicos de la época” le permitió vivir muchos años hasta 1987, fecha por la cual yo me encontraba viviendo una experiencia que sería decidora en mi vida ya que me encontraba distanciándome definitivamente de la madre de mi primer hijo (algo que aún no entiendo porqué no hice antes) y “ad portas” de volver a nacer encontrando a mi primer y definitivo amor, el cual hasta hoy soporta mi bipolaridad con resignación (soy muy buen amante y mal marido……), pero ella insiste en que es amor…… (No le creo, está junto a mí porque cocino bien los fines de semana…).
Pero no es de mis vivencias que quiero contarles, sino de ese hombre que sin más ambición, que ayudar a una familia querida y por ende hacerla suya, optó por la condición más sublime y Papal de cualquier ser (al decir Papal me refiero al Papa, que supuestamente acoge a todo ser voluble y desamparado en la tierra) sacrificar su propia existencia para entregar amor (a su manera) y cuidados a hijos que hizo suyos con el tiempo.
Trabajó más de treinta años en el negocio familiar, pero cuando ya sus piernas no pudieron más y su cabeza estallaba sin entender “la globalización”, “Los socialistas renovados”, “los bancos en línea” y otras huevadas más del mundo moderno, optó por refugiarse en sus recuerdos de juventud, en sus amarguras de “adulto mayor”, en sus más intrínsecos pensamientos de hombre amargado, que no entiende porque cada día hay más cemento…., menos tiempo para conversar…., para el diálogo desinteresado en un café (sin piernas por supuesto); solo quería dialogar y observar a los demás en su infinito placer al sorber una taza de café y fumar un cigarrillo en el Haití de Ahumada, para luego (vieja tradición) ir al correo a verificar, en su casilla, si habían cartas. Por supuesto solo llegaban facturas, cuentas y alguna vez una carta de sus hermanas que vivían en el extrajero; nunca llegó una carta de su hermano mayor (se pelearon a los dieciséis años y no se volvieron a comunicar, dejando truncos, por quien sabe que motivos, las relaciones de sus hijos y resto de la familia), ni tampoco del menor.
Para entender un poco lo que cuento debo retraerme en el tiempo y contarles quienes fueron mis abuelos, aunque poco se de ellos y no podré ser muy exacto y veraz en mi relato. Solo me guío por referencias de familiares y comentarios de viejos que les conocían.
Empezaba el amanecer del siglo diecinueve, cuando llega a Chile un inmigrante suizo que escapó de la tiranía familiar cuando murió su progenitor, quién lo obligó a estudiar quesería en Francia, buscando nuevos horizontes de libertad y desarrollo juvenil. Primero llegó a EEUU, pero al no entender el idioma, siguió en le primer barco que zarpó de San Francisco hacia el sur del mundo y por esas casualidades de la vida desembarcar en Valparaíso y desde ahí buscar nuevos horizontes en Santiago.
Trabajando en la especialidad aprendida en su tierra natal, es así como conoció a una mujer mayor (cuarentona), casi la misma edad que él, hija de inmigrantes franceses, que lo cautivó de tal forma que decidió casarse con ella y formar una familia (tuvieron siete hijos), pero la fortuna y los avatares de la vida truncaron la felicidad de la pareja (muy relativa en aquella época) y se distanciaron físicamente, llevándolo a él a seguir viaje más al sur del país donde formo junto a sus hijo Gastón (el cuarto de siete) una empresa llena de esfuerzo y tesón, el desarrollo de la apicultura más austral del mundo.
Esta nació en Valdivia, Los Lagos para ser exacto, pero el destino no les permitiría quedarse ahí mucho tiempo, tuvieron que emigrar más al norte en donde, por fin, encontraron un lugar que les acogiera según sus expectativas para desarrollar su actividad comercial, un pueblito que en su época se definía como el granero de Chile por su producción de trigo. Trabajaron duro muchos años, no sin algunos escollos típicos de un emprendedor (en esa época, una palabra que no existía en el diccionario normal de los empresarios, por lo tanto incomprendida y traducida como los “gringos” de la miel), colonos austeros y trabajadores de sol a sol que no conocían el domingo más que por la obligación de ir a la iglesia (protestante, por cierto), en donde se entregaban por completo a su fe y su dios, para ellos esencial al día siguiente.
Con el pasar del tiempo los viajes a Santiago a ver la “Familia” resultaron más esporádicos, y se fueron complementado padre e hijo cada vez más, en una unión silenciosa de gestos, miradas y vivencias, típicas de aquel entonces, trabajando, trabajando de sol a sol en una comunión de sacrificio y bienestar para los demás, reflejados en aquellos que, sin pedirlo, disfrutaban de un buen pasar, buenos colegios, clubes de colonia y viajes, sin saber que ellos solo pensaban en sus seres queridos tan lejos, añorando un momento de unión en aquella cocina a leña donde se cocinaba la comida preparada por sus manos y que encontraban deliciosa en la añoranza de los recuerdos de sus seres queridos.
Pues bien, Rogelio se quedó en Santiago junto a sus hermanas y a su madre, una mujer literata (sabia varios idiomas), e imbuida en la cultura (pintaba maravilloso), a la cual no le importaba mucho (sin ser mala) el bienestar físico de sus hijos, solo quería para ellos la devoción religiosa y el conocimiento universal de las artes y letras, conocimientos imprescindibles para ganar la vida eterna y un lugar en la sociedad de aquél entonces.
Así fue como este pequeño hombre se relacionó desde su niñez con sus hermanas (la mayor y la menor) quienes le entregaron todas sus mejores conocimientos, según cánones matriarcales, asegurándole una vida fácil e idílica en la sociedad que se desenvolvían. Él era el mas guapo, el mejor (con sus ojos azules intensos y expresivos, su bigote recortado y su metro ochenta de estatura), frecuentaba el club suizo, en donde se encontraban los mejores ejemplares femeninos “importados” y mestizos de la colonia, pero no encontró ahí a la mujer que calaría hondo en su corazón, sino en otro lugar lejos y a la vez cerca, donde una vecina chilena que tenía una hija hermosa, con la piel blanca y suave (no como las gringas blanduchas y áspera), el pelo negro azabache, piernas torneadas, voz susurrante y labios que invitaban a besarlos con pasión y entrega total.
Un paréntesis………, yo que soy sobrino del aludido me deje seducir por la misma condición en una mujer, valorando su mirada tierna y a la vez sincera, sus pechos pequeños y expresivos, sus pequeñas manos que hacen juego perfecto con esos pies que tienen un lunar justo donde causa éxtasis y ternura a la vez, pelo negro, tan negro que la noche parece clara…, piel, si… piel suave, cálida, de un color que no esconde ni disimula la pureza ni la entrega, sonrisa frágil que expresa el amor, la sumisión y también la fuerza y la pasión, mujer al fin y al cabo que hace vibrar nuestros sentimientos más profundos de vanidad y emoción autentica de macho proveedor, pero también nos recuerda lo frágil y pequeños que somos como hijos de otra mujer, que si no igual, ni siquiera parecida…….., nos dio la vida.
Rogelio creció, firme y seguro de si mismo creando a su alrededor un circulo de amigos muy íntimos, entre los que se encontraba su mejor amigo.
Hijo de inmigrantes italianos, casado con alemana (en esa época se estilaba así, las chilenas eran chinas no recomendables para casorios de sociedad, por lo que cualquier europea era mejor, no importando su condición intelectual ni su entrega pasional), tres hijos (dos mujeres mayores y un hombre) feliz de tener un pasar acomodado para la época, con un negocio propio (cabe señalar que no se estilaba mucho los títulos universitarios ni grado alguno de escolaridad, solo era importante, (la cosa no ha cambiado mucho…..), la capacidad adquisitiva y las buenas relaciones sociales que generaban una “red de contactos apropiadas” para desenvolverse en un mundo de influencias que permitía lo anteriormente dicho), por lo que tenía casa “propia” construida al lado de la de los “nonos” (quienes gentilmente cedieron un pedazo de terreno a su hijo para construir su hogar) en una comuna , para entonces, emergente de la capital, donde se concentraban gran cantidad de colonos alemanes, italianos y suizos ya que se trataba de terrenos fértiles apropiados para la agricultura, la vitivinicultura, la ganadería menor y otras labores propias de la tierra, en donde convivían con agrado al lado de chilenos propietarios de extensiones mayores de terrenos y por ende con un lugar social y poderío económico que los hacía aceptables para estos inmigrantes “emprendedores”.
Otro paréntesis…., no quiero con lo anterior menoscabar las capacidades de estos inmigrantes, sea cual fuere su nacionalidad y/o capacidad, que en muchos casos fueron explotados por los chilenos pudientes. Solo quiero dejar en claro que ellos casi nunca se sintieron identificados (creo hasta el día de hoy) con nuestras costumbres, tradiciones y formas de vida. Al contrario, siempre presionaron y lo siguen haciendo, (en el sur se nota más) para imponer sus “rectas” costumbres éticas, morales, religiosas y sociales, de ahí la gran penetración del protestantismo (Evangélicos, Luteranos, Pentecostales) en nuestra sociedad, inminentemente católica y devota de cristo debido a la colonización española (creencia que encuentro igual de fanática ya que no permite la capacidad de entender al mundo y al hombre actual, puesto que ambas se quedan en el pasado al igual que el islamismo y cualquier religión monoteísta basada en la adoración de un Dios) y no se nota tan solo en la religión, antes de la invasión de restaurantes Chinos, Japoneses, Cantoneses o cualquier cosa que se les parezca, existían en la capital, como en las grandes ciudades del país, restaurantes de cocina italiana “La Due Torri”, francesa “Che’z anri”, alemana “La Fuente Alemana” y por que no decirlo, menos notorio, pero no menos concurrido, restaurantes de comida árabe como el “Omar Kayam”.
Siempre dentro del paréntesis…., no nos damos cuenta de la “invasión” de culturas gastronómicas que existen hoy, un botón de muestra son los locales de comida rápida estilo “americano” (léase EEUU), lo negativo es que la mayoría son de mala calidad, no se condicen con nuestro clima y peor aún con nuestras costumbres y tradiciones culinarias…………, no hay nada más sabroso que una cazuela de costilla derecha, o un pollo al jugo con buena ensalada y papas cocidas preparado por la “china”(señora chilena) de la casa, a la cual después de unos vasos de tinto la encontramos más linda que nunca y sigue tan suavecita como hace muchos años atrás.
Pero siguiendo con nuestra historia…., perdón mi historia, Rogelio si viene cierto es el protagonista que me permite contarles todo lo que pienso (lo podría hacer un personaje de comics????), los avatares de la vida le pusieron en el camino a una joven viuda (la mujer de su mejor amigo que finalmente murió de cáncer) con tres hijos.
Ella, alta, rubia, buenamoza, patrón de la societé de la época (una Grace Kelly), desvalida, sin saber que hacer con el negocio familiar, casi en quiebra, por no decir quebrado (feo para entonces), vino a cambiar para siempre la vida de este hombre bueno quién, cambió el amor por la posición social, trastocó su felicidad por la compasión, dejó su labor habitual (taller de bombas elevadoras de aceite en tambores), a lo mejor no tan importante ni destacada, pero propia, por ayudar a esta viuda del amigo que se encontraba desvalida.
Es así como contrajo nupcias (está bien dicho?), tomando como propia a una familia prestada a la cual entregó todo su amor, dedicación y trabajo, para hacerlos salir adelante con un negocio que desconocía, un batallón de italianos y alemanes que lo único que esperaban de él era retribución instantánea (aún no existía la Internet ni los celulares), tanto en lo económico como en lo afectivo.
Hizo lo mismo que mi padre y su padre, trabajó de sol a sol, (sin tener la posibilidad de añorar lo que ellos en la cocina a leña), dio satisfacciones, pero siempre fue un extraño, mal entendido, mal amado (por su mujer y sus hijastros), esto se parece a la cenicienta pero al revés, desgastando su tiempo, su vitalidad, anhelos y amistades para soportar el peso (la cruz dirían los cristianos) que se acho gratuitamente encima, sin que nadie se lo pidiera, pensando solo en ayudar y con eso también ayudarse (socialmente por supuesto).
Otro paréntesis……, aún recuerdo cuando veníamos a la capital con mi padre y el Tío se quedaba hasta pasadas las diez de la noche “planchando” los billetes en la ferretería, yo tan niño aún no entendía que en realidad se quebraba el mate haciendo al caja, verificando el inventario y sacando, quién sabe donde, las lucas para cubrir el banco al día siguiente.
Pasaron muchos años y por esas vueltas de la vida (que cliché) me tuve que venir a Santiago en busca de mejores expectativas (me fui a la chucha con mi negocio en el sur) y el que me acogió en su casa prestada fue mi tío y su mujer, situación que no acabaré nunca de agradecer y es por eso que hoy escribo esta huevá (en realidad no solo por eso, sino por lindos recuerdos de infancia junto a ellos y otras cosas que luego contaré).
Bueno llegue a Santiago en mi Honda año del peo que estaba con restricción (les suena el término), como yo no sabía que significaba eso, di más vueltas que un trompo hasta llegar a la casa en la comuna, otrora emergente ahora decadente, siendo muy bien recibido y atendido sin esperar retribución alguna y sin pregunta de ningún tipo. Me convidaron alojamiento, comida y atenciones que nunca esperé tener en mi condición de prófugo financiero, lo cual por cierto permitió mi reinserción en la “sociedad laboral” antes de lo esperado, permitiéndome traer a la capital a mi mujer, mi hijo menor y la lavadora automática (condición sine qua non para que la suavecita arribara a la capital).
Llegamos a una linda casita en una comuna Oriente que estaba despegando hacia la fama capitalina y en donde aún vivo hoy, (no se malinterprete, era bueno, bonito y barato……………ya no).
Mi tío seguía con “su” negocio, pero fallaban los resultados financieros ya que se le instaló a un lado una gran empresa del mismo rubro y con eso le hicieron tiritar, sufrir y por supuesto por primera vez en su vida ponerse a pensar en la cagá que se mandó, ya que no estaban a su lado las hijastras e hijastro (bueno p’a na) y su mujer lo tapaba a críticas del mal manejo financiero que los podían llevar a la quiebra, cosa que no tardó en ocurrir.
Estaba yo en mi trabajo cuando una preocupada tía me llama por teléfono y me pide urgente que vaya a su casa porque el tío estaba raro. Una vez apersonado me encuentro a un hombre mayor desesperado tratando de abrir la reja para arrancarse, en un estado de manifiesta enajenación (mental….?). Logré calmarlo y subirlo al auto (ya no era el Honda viejo) y lo llevé al hospital del Salvador en donde logré ingresarlo como indigente (mi pobre tío jamás se impuso un peso y se convirtió en eso……un indigente, porque la casa y la plata eran de la tía).
Después de mucho rato e innumerables gestiones lo atendió un medico “de turno” quién diagnosticó demencia senil, aconsejando su inmediata internación en un asilo ya que con el tiempo se pondría peor y a lo mejor agresivo (se lo dijo a la tía y su hija que llego a ver a su mamá). Como yo estaba ahí profundicé en el asunto (estuve un mes hospitalizado en ese hospital el año 1985), convenciendo a la tía para llevar al pobre viejo de vuelta a la casa con cuidado de una auxiliar de enfermería. Cuento corto el tío a los tres días estaba normal y su problema se había iniciado a raíz de un scanner por la reacción a un medio de contraste.
Pensando que todo estaba Japy, la vida siguió, pero la tía y sus hijas (hijastras del tío….cenicienta), ya habían elaborado un plan, el cual demoraron en concretar, pero finalmente, y es por eso que voy por Santa Rosa al Sur, después de cuatro años lograron meterlo en un “Hogar para ancianos” (léase asilo para viejos) en una comuna periférica y desde luego….. como indigente.
Ayer me entré de esta situación y después de muchas vueltas en mi Renault Clío 2004 (como cambia la vida…..lo compré nuevo) logré encontrar el lugar.
Otro paréntesis más……. vi. hace algunos días el “debate” entre las candidatas de la concertación el cual me causó más asco que novedad, sobre todo al vivir unos días después el tema de mi tío indigente en un hogar. Que esperamos los que tenemos más de cuarenta con trabajos mas o menos al momento de jubilar?, que esperan nuestros hijos adolescentes de sus padres cuando estén viejos y sin plata?, que espera la sociedad, nuestra sociedad, de las personas que se sacaron la mierda por cuarenta y cinco años, brindándonos su esfuerzo, experiencia…., si experiencia….palabra poco apreciada en estos días, a cambio de una vejez digna?, creo sinceramente que nos vamos al hoyo rápidamente, vía Internet banda ancha o algo parecido ya que estas “chiquillas superpoderosas” no son capaces de plantear ideas concretas y se dejan manipular por los mismos inescrupulosos de siempre que lo único que pretenden es ayudarse (económicamente), sin pensar en la sociedad en general, que necesita urgentemente de líderes verdaderos, no de encuestas populistas destinadas a causar un efecto sobre la población más ignorante (consumista) para lograr su objetivo gubernamental.
Bueno…, volviendo a mi tío…. Lo encontré postrado en una habitación blanca, de tres camas blancas, con cielo blanco, con luz blanca (el paraíso huevón…), a medio morir saltando con un marcapasos con pilas duracell vencidas, sin lentes para que no sea capaz de ver donde está, un pijamas delgadísimo y la ventana abierta (para que le de pulmonía y se muera luego?).
Al Interrogarlo me dice que está muy bien atendido (eso creí escuchar en sus balbuceos frágiles y suplicantes de “sácame de aquí”), aletargado me asiente para que le ponga los lentes y le traiga “El Mercurio” ya que quiere leer, sus guardianas me indican que no me moleste, “el viejito no es capaz”. Me impresiono tanto que salgo un rato a llorar….si llorar de impotencia, de rabia, de rencor y vergüenza, como puedo ser yo el sobrino de ese hombre que sacrificó su vida en pos de quienes lo “botaron” porque está viejo (físicamente), ya no sirve, sus hijas e hijo prestado y sus respectivos nietos ya no se molestan en decirle “tata”, el hogar queda lejos del barrio alto, las calles tienen hoyos y sus autos deportivos “sufren al pasar por ahí”, como puedo yo tener una actitud de “que pena”?, si es una persona a la que quiero, respeto y admiro?.
03-05-2005
Hoy Rogelio está grave en la posta de un hospital, solo y abandonado, lejos de su “familia” adoptiva que se justifica ante esta situación, no queriendo hacer nada por acompañarlo en lo que a lo mejor son sus últimos momentos, acabo de conversar largamente por teléfono con su hijastra, quién le guarda un rencor enorme y no se inmuta por lo que le pasa…………..no puedo pensar ni escribir ante tanta maldad e indiferencia ante el dolor ……………………
29—05-2005
En todos estos dias no he podido tomar la continuación de este relato porque el dolor invade aún mi ser, Rogelio murió solo triste y abandonado en la posta de un hospital, sin que nadie secara sus lagrimas de espanto ante aquella situación y lo que es peor, sin que nadie se enterara de su deceso. Solo yo tuve la valentía (valentía?) de informarme a través del teléfono llamando al hospital que necesitaban del carné de identidad del enfermo, esto sucede cuando ha fallecido una persona y no se sabe quien es, y de esa forma pueden identificarlo.
Como se deben haber dado cuenta desde el principio, no es de Rogelio de quién quiero hablar, sino de mi, si de mi este ser acongojado y lleno de experiencias y venturas que ustedes no pueden imaginar sin que les cuente paso a paso lo que ha sido de mi vida en 41 años llenos de congoja, opresión (familiar y política), felicidad y finalmente abulia, la eterna abulia de mi tio Ives.
Ives nació como el primero de siete hermanos, hijo primogénito de un suizo quien arrancó de su tierra natal para probar suerte en el confín lejano del sur del mundo, sin saber que encontraría allí a la mujer de su vida, quien le dio siete hijos y más de un dolor de cabeza, por no decir muchos, a lo largo de su vida matrimonial.
Viajo lo más rápido posible por Santa Rosa hacia el sur y me pierdo en ese torbellino de calles en restauración que día a día nos entrega nuestra Gran Capital, pero mi objetivo no es hacer un reportaje urbanístico sobre los adelantos e incomodidades de la urbe en este siglo 21, sino llegar lo antes posible a un lugar si bien no lúgubre, algo inhóspito para ser la morada final de un hombre sin historia propia, mi tío Rogelio.
Al decir sin historia propia me refiero a que no tiene una familia (hijos y mujer) que lo amen y le pertenezcan, por el solo hecho de haber dado su vida por ellos,…. una familia prestada que le dejó su mejor amigo allá por los años 70, cuando por esas casualidades de la vida ésta en su arrogante y parsimoniosa misericordia se lo llevó afectado de un cáncer al cerebro, el mismo que afectó a mi abuela materna en los años 60, pero que gracias al cariño y “avances científicos de la época” le permitió vivir muchos años hasta 1987, fecha por la cual yo me encontraba viviendo una experiencia que sería decidora en mi vida ya que me encontraba distanciándome definitivamente de la madre de mi primer hijo (algo que aún no entiendo porqué no hice antes) y “ad portas” de volver a nacer encontrando a mi primer y definitivo amor, el cual hasta hoy soporta mi bipolaridad con resignación (soy muy buen amante y mal marido……), pero ella insiste en que es amor…… (No le creo, está junto a mí porque cocino bien los fines de semana…).
Pero no es de mis vivencias que quiero contarles, sino de ese hombre que sin más ambición, que ayudar a una familia querida y por ende hacerla suya, optó por la condición más sublime y Papal de cualquier ser (al decir Papal me refiero al Papa, que supuestamente acoge a todo ser voluble y desamparado en la tierra) sacrificar su propia existencia para entregar amor (a su manera) y cuidados a hijos que hizo suyos con el tiempo.
Trabajó más de treinta años en el negocio familiar, pero cuando ya sus piernas no pudieron más y su cabeza estallaba sin entender “la globalización”, “Los socialistas renovados”, “los bancos en línea” y otras huevadas más del mundo moderno, optó por refugiarse en sus recuerdos de juventud, en sus amarguras de “adulto mayor”, en sus más intrínsecos pensamientos de hombre amargado, que no entiende porque cada día hay más cemento…., menos tiempo para conversar…., para el diálogo desinteresado en un café (sin piernas por supuesto); solo quería dialogar y observar a los demás en su infinito placer al sorber una taza de café y fumar un cigarrillo en el Haití de Ahumada, para luego (vieja tradición) ir al correo a verificar, en su casilla, si habían cartas. Por supuesto solo llegaban facturas, cuentas y alguna vez una carta de sus hermanas que vivían en el extrajero; nunca llegó una carta de su hermano mayor (se pelearon a los dieciséis años y no se volvieron a comunicar, dejando truncos, por quien sabe que motivos, las relaciones de sus hijos y resto de la familia), ni tampoco del menor.
Para entender un poco lo que cuento debo retraerme en el tiempo y contarles quienes fueron mis abuelos, aunque poco se de ellos y no podré ser muy exacto y veraz en mi relato. Solo me guío por referencias de familiares y comentarios de viejos que les conocían.
Empezaba el amanecer del siglo diecinueve, cuando llega a Chile un inmigrante suizo que escapó de la tiranía familiar cuando murió su progenitor, quién lo obligó a estudiar quesería en Francia, buscando nuevos horizontes de libertad y desarrollo juvenil. Primero llegó a EEUU, pero al no entender el idioma, siguió en le primer barco que zarpó de San Francisco hacia el sur del mundo y por esas casualidades de la vida desembarcar en Valparaíso y desde ahí buscar nuevos horizontes en Santiago.
Trabajando en la especialidad aprendida en su tierra natal, es así como conoció a una mujer mayor (cuarentona), casi la misma edad que él, hija de inmigrantes franceses, que lo cautivó de tal forma que decidió casarse con ella y formar una familia (tuvieron siete hijos), pero la fortuna y los avatares de la vida truncaron la felicidad de la pareja (muy relativa en aquella época) y se distanciaron físicamente, llevándolo a él a seguir viaje más al sur del país donde formo junto a sus hijo Gastón (el cuarto de siete) una empresa llena de esfuerzo y tesón, el desarrollo de la apicultura más austral del mundo.
Esta nació en Valdivia, Los Lagos para ser exacto, pero el destino no les permitiría quedarse ahí mucho tiempo, tuvieron que emigrar más al norte en donde, por fin, encontraron un lugar que les acogiera según sus expectativas para desarrollar su actividad comercial, un pueblito que en su época se definía como el granero de Chile por su producción de trigo. Trabajaron duro muchos años, no sin algunos escollos típicos de un emprendedor (en esa época, una palabra que no existía en el diccionario normal de los empresarios, por lo tanto incomprendida y traducida como los “gringos” de la miel), colonos austeros y trabajadores de sol a sol que no conocían el domingo más que por la obligación de ir a la iglesia (protestante, por cierto), en donde se entregaban por completo a su fe y su dios, para ellos esencial al día siguiente.
Con el pasar del tiempo los viajes a Santiago a ver la “Familia” resultaron más esporádicos, y se fueron complementado padre e hijo cada vez más, en una unión silenciosa de gestos, miradas y vivencias, típicas de aquel entonces, trabajando, trabajando de sol a sol en una comunión de sacrificio y bienestar para los demás, reflejados en aquellos que, sin pedirlo, disfrutaban de un buen pasar, buenos colegios, clubes de colonia y viajes, sin saber que ellos solo pensaban en sus seres queridos tan lejos, añorando un momento de unión en aquella cocina a leña donde se cocinaba la comida preparada por sus manos y que encontraban deliciosa en la añoranza de los recuerdos de sus seres queridos.
Pues bien, Rogelio se quedó en Santiago junto a sus hermanas y a su madre, una mujer literata (sabia varios idiomas), e imbuida en la cultura (pintaba maravilloso), a la cual no le importaba mucho (sin ser mala) el bienestar físico de sus hijos, solo quería para ellos la devoción religiosa y el conocimiento universal de las artes y letras, conocimientos imprescindibles para ganar la vida eterna y un lugar en la sociedad de aquél entonces.
Así fue como este pequeño hombre se relacionó desde su niñez con sus hermanas (la mayor y la menor) quienes le entregaron todas sus mejores conocimientos, según cánones matriarcales, asegurándole una vida fácil e idílica en la sociedad que se desenvolvían. Él era el mas guapo, el mejor (con sus ojos azules intensos y expresivos, su bigote recortado y su metro ochenta de estatura), frecuentaba el club suizo, en donde se encontraban los mejores ejemplares femeninos “importados” y mestizos de la colonia, pero no encontró ahí a la mujer que calaría hondo en su corazón, sino en otro lugar lejos y a la vez cerca, donde una vecina chilena que tenía una hija hermosa, con la piel blanca y suave (no como las gringas blanduchas y áspera), el pelo negro azabache, piernas torneadas, voz susurrante y labios que invitaban a besarlos con pasión y entrega total.
Un paréntesis………, yo que soy sobrino del aludido me deje seducir por la misma condición en una mujer, valorando su mirada tierna y a la vez sincera, sus pechos pequeños y expresivos, sus pequeñas manos que hacen juego perfecto con esos pies que tienen un lunar justo donde causa éxtasis y ternura a la vez, pelo negro, tan negro que la noche parece clara…, piel, si… piel suave, cálida, de un color que no esconde ni disimula la pureza ni la entrega, sonrisa frágil que expresa el amor, la sumisión y también la fuerza y la pasión, mujer al fin y al cabo que hace vibrar nuestros sentimientos más profundos de vanidad y emoción autentica de macho proveedor, pero también nos recuerda lo frágil y pequeños que somos como hijos de otra mujer, que si no igual, ni siquiera parecida…….., nos dio la vida.
Rogelio creció, firme y seguro de si mismo creando a su alrededor un circulo de amigos muy íntimos, entre los que se encontraba su mejor amigo.
Hijo de inmigrantes italianos, casado con alemana (en esa época se estilaba así, las chilenas eran chinas no recomendables para casorios de sociedad, por lo que cualquier europea era mejor, no importando su condición intelectual ni su entrega pasional), tres hijos (dos mujeres mayores y un hombre) feliz de tener un pasar acomodado para la época, con un negocio propio (cabe señalar que no se estilaba mucho los títulos universitarios ni grado alguno de escolaridad, solo era importante, (la cosa no ha cambiado mucho…..), la capacidad adquisitiva y las buenas relaciones sociales que generaban una “red de contactos apropiadas” para desenvolverse en un mundo de influencias que permitía lo anteriormente dicho), por lo que tenía casa “propia” construida al lado de la de los “nonos” (quienes gentilmente cedieron un pedazo de terreno a su hijo para construir su hogar) en una comuna , para entonces, emergente de la capital, donde se concentraban gran cantidad de colonos alemanes, italianos y suizos ya que se trataba de terrenos fértiles apropiados para la agricultura, la vitivinicultura, la ganadería menor y otras labores propias de la tierra, en donde convivían con agrado al lado de chilenos propietarios de extensiones mayores de terrenos y por ende con un lugar social y poderío económico que los hacía aceptables para estos inmigrantes “emprendedores”.
Otro paréntesis…., no quiero con lo anterior menoscabar las capacidades de estos inmigrantes, sea cual fuere su nacionalidad y/o capacidad, que en muchos casos fueron explotados por los chilenos pudientes. Solo quiero dejar en claro que ellos casi nunca se sintieron identificados (creo hasta el día de hoy) con nuestras costumbres, tradiciones y formas de vida. Al contrario, siempre presionaron y lo siguen haciendo, (en el sur se nota más) para imponer sus “rectas” costumbres éticas, morales, religiosas y sociales, de ahí la gran penetración del protestantismo (Evangélicos, Luteranos, Pentecostales) en nuestra sociedad, inminentemente católica y devota de cristo debido a la colonización española (creencia que encuentro igual de fanática ya que no permite la capacidad de entender al mundo y al hombre actual, puesto que ambas se quedan en el pasado al igual que el islamismo y cualquier religión monoteísta basada en la adoración de un Dios) y no se nota tan solo en la religión, antes de la invasión de restaurantes Chinos, Japoneses, Cantoneses o cualquier cosa que se les parezca, existían en la capital, como en las grandes ciudades del país, restaurantes de cocina italiana “La Due Torri”, francesa “Che’z anri”, alemana “La Fuente Alemana” y por que no decirlo, menos notorio, pero no menos concurrido, restaurantes de comida árabe como el “Omar Kayam”.
Siempre dentro del paréntesis…., no nos damos cuenta de la “invasión” de culturas gastronómicas que existen hoy, un botón de muestra son los locales de comida rápida estilo “americano” (léase EEUU), lo negativo es que la mayoría son de mala calidad, no se condicen con nuestro clima y peor aún con nuestras costumbres y tradiciones culinarias…………, no hay nada más sabroso que una cazuela de costilla derecha, o un pollo al jugo con buena ensalada y papas cocidas preparado por la “china”(señora chilena) de la casa, a la cual después de unos vasos de tinto la encontramos más linda que nunca y sigue tan suavecita como hace muchos años atrás.
Pero siguiendo con nuestra historia…., perdón mi historia, Rogelio si viene cierto es el protagonista que me permite contarles todo lo que pienso (lo podría hacer un personaje de comics????), los avatares de la vida le pusieron en el camino a una joven viuda (la mujer de su mejor amigo que finalmente murió de cáncer) con tres hijos.
Ella, alta, rubia, buenamoza, patrón de la societé de la época (una Grace Kelly), desvalida, sin saber que hacer con el negocio familiar, casi en quiebra, por no decir quebrado (feo para entonces), vino a cambiar para siempre la vida de este hombre bueno quién, cambió el amor por la posición social, trastocó su felicidad por la compasión, dejó su labor habitual (taller de bombas elevadoras de aceite en tambores), a lo mejor no tan importante ni destacada, pero propia, por ayudar a esta viuda del amigo que se encontraba desvalida.
Es así como contrajo nupcias (está bien dicho?), tomando como propia a una familia prestada a la cual entregó todo su amor, dedicación y trabajo, para hacerlos salir adelante con un negocio que desconocía, un batallón de italianos y alemanes que lo único que esperaban de él era retribución instantánea (aún no existía la Internet ni los celulares), tanto en lo económico como en lo afectivo.
Hizo lo mismo que mi padre y su padre, trabajó de sol a sol, (sin tener la posibilidad de añorar lo que ellos en la cocina a leña), dio satisfacciones, pero siempre fue un extraño, mal entendido, mal amado (por su mujer y sus hijastros), esto se parece a la cenicienta pero al revés, desgastando su tiempo, su vitalidad, anhelos y amistades para soportar el peso (la cruz dirían los cristianos) que se acho gratuitamente encima, sin que nadie se lo pidiera, pensando solo en ayudar y con eso también ayudarse (socialmente por supuesto).
Otro paréntesis……, aún recuerdo cuando veníamos a la capital con mi padre y el Tío se quedaba hasta pasadas las diez de la noche “planchando” los billetes en la ferretería, yo tan niño aún no entendía que en realidad se quebraba el mate haciendo al caja, verificando el inventario y sacando, quién sabe donde, las lucas para cubrir el banco al día siguiente.
Pasaron muchos años y por esas vueltas de la vida (que cliché) me tuve que venir a Santiago en busca de mejores expectativas (me fui a la chucha con mi negocio en el sur) y el que me acogió en su casa prestada fue mi tío y su mujer, situación que no acabaré nunca de agradecer y es por eso que hoy escribo esta huevá (en realidad no solo por eso, sino por lindos recuerdos de infancia junto a ellos y otras cosas que luego contaré).
Bueno llegue a Santiago en mi Honda año del peo que estaba con restricción (les suena el término), como yo no sabía que significaba eso, di más vueltas que un trompo hasta llegar a la casa en la comuna, otrora emergente ahora decadente, siendo muy bien recibido y atendido sin esperar retribución alguna y sin pregunta de ningún tipo. Me convidaron alojamiento, comida y atenciones que nunca esperé tener en mi condición de prófugo financiero, lo cual por cierto permitió mi reinserción en la “sociedad laboral” antes de lo esperado, permitiéndome traer a la capital a mi mujer, mi hijo menor y la lavadora automática (condición sine qua non para que la suavecita arribara a la capital).
Llegamos a una linda casita en una comuna Oriente que estaba despegando hacia la fama capitalina y en donde aún vivo hoy, (no se malinterprete, era bueno, bonito y barato……………ya no).
Mi tío seguía con “su” negocio, pero fallaban los resultados financieros ya que se le instaló a un lado una gran empresa del mismo rubro y con eso le hicieron tiritar, sufrir y por supuesto por primera vez en su vida ponerse a pensar en la cagá que se mandó, ya que no estaban a su lado las hijastras e hijastro (bueno p’a na) y su mujer lo tapaba a críticas del mal manejo financiero que los podían llevar a la quiebra, cosa que no tardó en ocurrir.
Estaba yo en mi trabajo cuando una preocupada tía me llama por teléfono y me pide urgente que vaya a su casa porque el tío estaba raro. Una vez apersonado me encuentro a un hombre mayor desesperado tratando de abrir la reja para arrancarse, en un estado de manifiesta enajenación (mental….?). Logré calmarlo y subirlo al auto (ya no era el Honda viejo) y lo llevé al hospital del Salvador en donde logré ingresarlo como indigente (mi pobre tío jamás se impuso un peso y se convirtió en eso……un indigente, porque la casa y la plata eran de la tía).
Después de mucho rato e innumerables gestiones lo atendió un medico “de turno” quién diagnosticó demencia senil, aconsejando su inmediata internación en un asilo ya que con el tiempo se pondría peor y a lo mejor agresivo (se lo dijo a la tía y su hija que llego a ver a su mamá). Como yo estaba ahí profundicé en el asunto (estuve un mes hospitalizado en ese hospital el año 1985), convenciendo a la tía para llevar al pobre viejo de vuelta a la casa con cuidado de una auxiliar de enfermería. Cuento corto el tío a los tres días estaba normal y su problema se había iniciado a raíz de un scanner por la reacción a un medio de contraste.
Pensando que todo estaba Japy, la vida siguió, pero la tía y sus hijas (hijastras del tío….cenicienta), ya habían elaborado un plan, el cual demoraron en concretar, pero finalmente, y es por eso que voy por Santa Rosa al Sur, después de cuatro años lograron meterlo en un “Hogar para ancianos” (léase asilo para viejos) en una comuna periférica y desde luego….. como indigente.
Ayer me entré de esta situación y después de muchas vueltas en mi Renault Clío 2004 (como cambia la vida…..lo compré nuevo) logré encontrar el lugar.
Otro paréntesis más……. vi. hace algunos días el “debate” entre las candidatas de la concertación el cual me causó más asco que novedad, sobre todo al vivir unos días después el tema de mi tío indigente en un hogar. Que esperamos los que tenemos más de cuarenta con trabajos mas o menos al momento de jubilar?, que esperan nuestros hijos adolescentes de sus padres cuando estén viejos y sin plata?, que espera la sociedad, nuestra sociedad, de las personas que se sacaron la mierda por cuarenta y cinco años, brindándonos su esfuerzo, experiencia…., si experiencia….palabra poco apreciada en estos días, a cambio de una vejez digna?, creo sinceramente que nos vamos al hoyo rápidamente, vía Internet banda ancha o algo parecido ya que estas “chiquillas superpoderosas” no son capaces de plantear ideas concretas y se dejan manipular por los mismos inescrupulosos de siempre que lo único que pretenden es ayudarse (económicamente), sin pensar en la sociedad en general, que necesita urgentemente de líderes verdaderos, no de encuestas populistas destinadas a causar un efecto sobre la población más ignorante (consumista) para lograr su objetivo gubernamental.
Bueno…, volviendo a mi tío…. Lo encontré postrado en una habitación blanca, de tres camas blancas, con cielo blanco, con luz blanca (el paraíso huevón…), a medio morir saltando con un marcapasos con pilas duracell vencidas, sin lentes para que no sea capaz de ver donde está, un pijamas delgadísimo y la ventana abierta (para que le de pulmonía y se muera luego?).
Al Interrogarlo me dice que está muy bien atendido (eso creí escuchar en sus balbuceos frágiles y suplicantes de “sácame de aquí”), aletargado me asiente para que le ponga los lentes y le traiga “El Mercurio” ya que quiere leer, sus guardianas me indican que no me moleste, “el viejito no es capaz”. Me impresiono tanto que salgo un rato a llorar….si llorar de impotencia, de rabia, de rencor y vergüenza, como puedo ser yo el sobrino de ese hombre que sacrificó su vida en pos de quienes lo “botaron” porque está viejo (físicamente), ya no sirve, sus hijas e hijo prestado y sus respectivos nietos ya no se molestan en decirle “tata”, el hogar queda lejos del barrio alto, las calles tienen hoyos y sus autos deportivos “sufren al pasar por ahí”, como puedo yo tener una actitud de “que pena”?, si es una persona a la que quiero, respeto y admiro?.
03-05-2005
Hoy Rogelio está grave en la posta de un hospital, solo y abandonado, lejos de su “familia” adoptiva que se justifica ante esta situación, no queriendo hacer nada por acompañarlo en lo que a lo mejor son sus últimos momentos, acabo de conversar largamente por teléfono con su hijastra, quién le guarda un rencor enorme y no se inmuta por lo que le pasa…………..no puedo pensar ni escribir ante tanta maldad e indiferencia ante el dolor ……………………
29—05-2005
En todos estos dias no he podido tomar la continuación de este relato porque el dolor invade aún mi ser, Rogelio murió solo triste y abandonado en la posta de un hospital, sin que nadie secara sus lagrimas de espanto ante aquella situación y lo que es peor, sin que nadie se enterara de su deceso. Solo yo tuve la valentía (valentía?) de informarme a través del teléfono llamando al hospital que necesitaban del carné de identidad del enfermo, esto sucede cuando ha fallecido una persona y no se sabe quien es, y de esa forma pueden identificarlo.
Como se deben haber dado cuenta desde el principio, no es de Rogelio de quién quiero hablar, sino de mi, si de mi este ser acongojado y lleno de experiencias y venturas que ustedes no pueden imaginar sin que les cuente paso a paso lo que ha sido de mi vida en 41 años llenos de congoja, opresión (familiar y política), felicidad y finalmente abulia, la eterna abulia de mi tio Ives.
Ives nació como el primero de siete hermanos, hijo primogénito de un suizo quien arrancó de su tierra natal para probar suerte en el confín lejano del sur del mundo, sin saber que encontraría allí a la mujer de su vida, quien le dio siete hijos y más de un dolor de cabeza, por no decir muchos, a lo largo de su vida matrimonial.
Seguirè màs adelante contandoles esta historia.....................................
23-09-2005
Hoy comencè a escribir en esta cuestiòn que los gringos llaman "blog", en mi tiempo se llamarìa diario, porque uno escribe todos los dias, en que siente que es necesario hacerlo.
La verdad no se si es necesario o no.....................pero si creo que se puede hacer en total libertad a la falta de alguien a quien comunicar directamente lo que sentimos dia a dia.
Hoy conversè con una pareja mayor, que me visitò por motivos de trabajo, èl 50 y tantos, gordito, con lentes y mal afeitado........ella, bajita, pelo rubio teñido (para que no se noten las canas), pero la que decide y tiene todo a su nombre...raro no?...pues no, despuès de conversar confiesa que CRIÒ a nueve hijos de este hombre maravilloso que era muy pololo cuando joven y llegaba de tiempo en tiempo con hijos de distintas mujeres a su casa......................llegaron a ser 14 en la mesa, 14 pares de zapatos, 14 mudas de ropa que lavar.....a manito nomas, mientras el "viejo" viajaba al norte con su camiòn (de pasadita traìa otro hijo)!!!!!!!!!!!!!!!!!!..................., me cago en satanas, yo que soñaba con una tribu de 7 u 8 o 10 enanos cagandome el dìa con necesidades bàsicas y una mujer cachonda y enojona con las crias y solo logrè 2 huevones, uno ya de 22 bueno pa'l arte (en que huevà no se) y el otro muy enano, no de porte (calza 41, 5), pero si de edad ( 11 años maravillosos, llenos de ingenuidad y devociòn por papà, quien sabe si bien merecidas o solo por tener internet y cable en el Dpto. nuevo (90 mts2) con vista al parque añoso y natural, piscina, gimnasio, calefa con caldera (HUUUUUUUUY que caro, pero calentito), noteboock, multifuncional, banda ancha, cable premium..................................que digo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!.......si esto es normal hoy, cualquier ROTO lo tiene en su Home de pobla,...............es parte de mi vida Ok.
Nos vemos otro dìa
